viernes, 24 de mayo de 2013

LA INFANCIA Y SU NARRATIVA EN PSICOTERAPIA: UN ENFOQUE DESDE MINDSIGHT.


La mente se desarrolla en un mundo lleno de espejos, que son aquellas personas que nos rodean.

Las personas más cercanas son las que mejor nos pueden reflejar, y sin embargo a veces nos vemos en personas desconocidas con las que nos cruzamos, en personajes de ficción o de leyendas, en la letra de una canción, en los personajes públicos…en resumen, la mente se conoce a sí misma porque existen “los otros”.

El cerebro es un órgano social. Como explica claramente Daniel J. Siegel en su libro Mindsight, las relaciones no son un lujo sino un nutriente esencial para nuestra mente.
Cuando un niño o una adolescente observa la cara de sus padres, de su tía, o de su maestro, sus circuitos de resonancia neuronal buscan “verse” en la cara del otro. En ese reflejo está la respuesta más codiciada por el ser humano: tener una sensación clara de quiénes somos.

Las personas que han crecido con un apego inseguro son aquellas que tenían figuras de referencia que representaban espejos “empañados” o “distorsionados” por sus propias preocupaciones o estados internos.

Siegel ha dedicado muchos años a investigar el apego, la memoria y las narraciones autobiográficas de las personas. Y su conclusión es clara, la comprensión de nuestra historia vital es esencial para el bienestar y la felicidad. ¿Cómo alcanzar esta comprensión?

Lo que los budistas estudian desde hace siglos, la neurobiología lo está demostrando en las últimas décadas. El Dalai Lama, en su libro El Universo en un solo átomo, cuenta que hace años fue invitado a presenciar una operación de cerebro, tras la cual le preguntó al neurocientífico: “parece obvio que las alteraciones del cerebro producen muchas de nuestras experiencias subjetivas, como la percepción y la sensación. ¿Podemos invertir este proceso causativo? ¿Podemos postular que el pensamiento puede efectuar cambios en el cerebro?”. El científico le dijo que eso no era posible.

Hoy sabemos que ejercitar la atención, el ejercicio aeróbico, la novedad y la excitación o arousal aumentan la plasticidad cerebral durante toda la vida. Se producen cambios físicos en la estructura y funcionamiento del cerebro. Por tanto aquello a lo que le prestas tu atención y tiempo no es neutral. Está incidiendo en ti y en el espejo que tú eres.

Para alcanzar esta comprensión y una narración vital coherente, es necesario:
  •  Aprender a ser conscientes de nuestros pensamientos y sentimientos sin ser arrastrados por ellos, es lo que llama mindsightEsto se relaciona con un funcionamiento del cerebro más integrado e inter-conectado.
  •  Desarrollar una “seguridad merecida”, que es aquella que consiguen las personas que han tenido una historia de apego inseguro, superado posteriormente gracias a la reflexión sobre su vida en el marco de una relación segura.

Paralelamente a la lectura del libro me encontré con una entrevista a James Hetfield, cantante de Metallica, en la que habla de su infancia y que es ejemplo de un hombre que lucha por entenderla.



Él dice: “mi herida era que, soy diferente a todos…” reflexionando sobre cómo intentó adaptarse a las circunstancias, haciéndose entender y entendiéndose a través de las letras de sus canciones. La desintegración de su familia, el odio hacia su padre, su sentimiento de abandono y de culpa, irrumpen a lo largo de la narración en forma de recuerdos y emociones. Reflexiona sobre cómo la muerte de Cliff Burton, bajista del grupo, “reabrió esa profunda herida de abandono…” y cómo lo llevó a ponerse una “coraza” encima del escenario.

Con el tiempo ha elaborado una “seguridad merecida”. Tal y como dice: “tuve que aprender a amar a la familia” y entender que él no era su padre, para no reproducir las mismas pautas.

La música fue una terapia y una familia para James HetfieldÉl ha comprendido que es un espejo para los demás y por tanto escribe letras reflejando su lucha. Se ha convertido en un líder.

Como agradecimiento, aquí está la canción con la que más se identifica Hetfield:




Bibliografía recomendada: 

SIEGEL, DANIEL J. Mindsight, 1ª ed. Paidos, 2011.





miércoles, 15 de mayo de 2013

META-EXPECTATIVAS


Escribo estas líneas al hilo de dos programas de TV que vi hace unas semanas y en los que encontré preguntas y respuestas interesantes:

1- Programa “Para todos La 2”: lanzaban a gente en la calle la siguiente pregunta: ¿en qué notan ustedes la crisis? Las respuestas que emitieron fueron las siguientes:

- “Tenemos mucho menos poder adquisitivo, nos recortan de todos los lados, no hay trabajo… yo creo que la crisis está bien presente”.
- “Uy la crisis, la crisis está muy mal hija mía; pero mal porque hay mucho paro, la juventud no tiene trabajo…”
- “¿En qué noto la crisis? Pues mira: mi marido parado con 55 años, mi hijo tiene 20 años y no encuentra trabajo; yo tampoco, me estoy buscando la vida… o sea que en todo”.
- “En todo porque se están llevando el dinero de España fuera y a nosotros nos están dejando en calzoncillos”.
- “Hombre, en todo, en que las cosas están subiendo mucho y cobramos muy poco”.
- “Uy, madre mía, en todo: a la hora de pagar el alquiler, a la hora de comprar caprichitos, a la hora de salir… se nota mucho”.
- “¿En qué lo noto? Uy, en muchas cosas, no hay más que ver a la gente”.
- “En los trabajos, en los empleos, que hay muy pocos, todo el mundo anda loco buscando trabajo y no encuentra. No es como antes”.

Salvo una o dos respuestas, todas las demás son respuestas generalistas a una pregunta muy concreta. De ahí me surgió una primera reflexión: ¿somos realmente conscientes de cómo nos está afectando la crisis a cada uno de nosotros? Cuando hablamos de lo mal que lo estamos pasando, ¿tenemos en cuenta algo más que lo meramente económico (el trabajo, la subida de precios, los impuestos, los recortes…)?  Si echamos un vistazo rápido a las respuestas, claramente NO ¿Estamos midiendo la temperatura de la crisis por las décimas que marca nuestro termómetro o por la fiebre que “vemos” (o nos transmiten) a nuestro alrededor?

2- Y aquí viene la segunda parte de la historia: ese mismo día Susana Griso en Espejo Público (Antena 3) entrevista a Felipe González (Presidente del Gobierno de España entre 1982 y 1996): “lo que preocupa de verdad a la gente al respecto de la crisis son las expectativas”. 




¿Nos afecta de verdad la crisis en nuestro día a día? Seguro que sí, y mucho  más allá del aspecto económico; pero no es ese el punto en el que quiero pararme, sino en lo que dijo el ex-presidente: ¿Cómo nos influyen las expectativas sobre el futuro? ¿O no sería mejor decir, sobre nuestro futuro? Sí: sobre el tuyo, el mío, el de la persona que tienes al lado ahora mismo… futuros individuales, no EL FUTURO como ente abstracto. Lo sé, son muchas preguntas, pero entre todos alguna respuesta encontraremos.

Aceptemos que el futuro nos preocupa, a veces incluso nos abruma (algo lógico en estos tiempos), pero ¿por qué tendemos a hacer predicciones negativas sobre el futuro en la mayoría de las ocasiones? ¿Por qué cuando pensamos en factores que pueden alterar el futuro que “prevemos” concedemos un espacio prioritario a los eventos negativos? Lo sé: porque echando un vistazo a nuestro alrededor sólo vemos problemas, incertidumbre, gente que lo está pasando mal… volvemos a contagiarnos del entorno abstracto (es lo normal en estos tiempos) y perdemos de vista los pequeños ejemplos cercanos. ¿Dónde está el espacio para la gente que se está fortaleciendo en estos momentos (los que han arriesgado y triunfan a nivel laboral, los que han dado un giro a su vida en lo personal y han encontrado una dirección correcta, los que…? (Piensa en los que quieras, seguro que a tu alrededor encuentras ejemplos).

Y lo que es más importante: ¿dónde está el espacio para los eventos positivos que nos han ocurrido en distintos momentos y que han dado un impulso estimulante a nuestra vida? Hagamos memoria, salvemos esas experiencias positivas de la papelera de reciclaje… 

EJERCICIO PRÁCTICO

Llegado a este punto, os lanzo una propuesta: haced (aunque sea mentalmente) un listado de 6 eventos negativos (factibles) que pueden alterar el futuro que imaginas a medio plazo… Tómate tu tiempo.

Muy bien; ahora haz lo mismo, pero con eventos positivos… Tranquilo/a, alguno habrá… ¿ya? Vale, espero… ¿ya? Que sólo se te ocurren 3… bueno, no pasa nada, piensa un poco, siente un poco, sueña, imagina… ¡¡¡4!!! Ok, ya está, fin del calvario…

¿Te ha pasado lo mismo que a mí? Sí, a mí también se me han ocurrido enseguida 6 cosas negativas (posibles, realistas) que pueden enturbiar mi futuro. Pero al pensar en cosas positivas… ¡¡¡ufff!!! ¡¡¡Qué esfuerzo!!!

¿Y no creéis que puede ser igual de factible la lista de cosas negativas que la de cosas positivas? Yo creo que sí… pues bien, pensad esto cada vez que hacéis una actividad formativa, cada vez que enviáis un C.V., cada vez que pensáis en participar en un proyecto, cada vez que conocéis a alguien interesante a nivel personal/laboral, cada vez que entráis en un sorteo… ¡¡¡cada vez que queráis!!!

“Porque la vida se ríe de las previsiones, pone palabras donde imaginamos silencios y súbitos regresos cuando pensamos que nunca volveríamos a encontrarnos”.

José Saramago (El viaje del elefante)

Pensemos una cosa: ¿cuánto y cómo nos frenan esas expectativas negativas sobre nuestro futuro? Mucho; es algo así como llevar las ruedas de la bici frenadas porque los frenos se han desajustado y rozan con ellas. La bici avanza gracias a que seguimos dando pedales, pero el esfuerzo que hacemos es terrible para recorrer mucho menos terreno de lo que lo recorreríamos si ajustáramos esas malditas zapatas.

Termino. Como señala Daniel Goleman, los estados de ánimo positivos ayudan a pensar con más amplitud, a encontrar soluciones creativas, a tomar decisiones, a arriesgar… en definitiva, a crear expectativas positivas en torno a nosotros/as.